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sábado, 14 de diciembre de 2013

Centros de interpretación y Museos... una mirada retrospectiva.

En esta entrada vamos a referirnos a unos artículos sobre la gestión del patrimonio. Más concretamente trataremos la creación y la finalidad tanto de los museos como los centros de interpretación.
El tema es un debate abierto aún, puesto que la proliferación de los centros de interpretación, como el objetivo de los mismos, dejan una estela de dudas entre los especialistas, de que estén cumpliendo su función original debidamente, y que las entidades públicas encargadas de los mismos, opten por un mejor rendimiento de los mismos.

(Centro de interpretación de Guayadeque, Gran Canaria)

Nos referiremos a Carolina Martín Puñol, de la Universidad deBarcelona, que en su artículo “Los centros de interpretación, un fenómeno de cambio de milenio” nos acerca a la polémica de cómo los centros de interpretación se han multiplicado por cien en los últimos años, teniendo en cuenta de que son más accesibles económicamente para las entidades públicas pequeñas, como ayuntamientos o cabildos, ya que sus normativas a cumplir, no son tan exigentes como las de los museos. Pero a su vez, discute -no sin razón- que ni siquiera muchos de ellos, cumplen con los mínimos requisitos comprendidos en su haber.
Puñol, reitera en su texto que los centros interpretativos deben ser un salón de entrada para el visitante, los cuales han de sentirse acogidos para lo que va a visitar. Alega que los centros de interpretación, son todo, menos eso. Que muchos están olvidados por las manos de las administraciones públicas por falta de capital o bien porque no ha interesado lo suficiente como para hacerlo funcional. Tampoco detrás de sus puertas hay alguien capaz, muchas veces porque mantener a un técnico o experto para amenizar el centro y hacer la visita algo más didáctica a la par que amena, les cuesta más dinero del que creen que van a obtener como beneficio, muchas veces, sin ni siquiera intentarlo.
Detrás de sus letras se ve reflejado, perfectamente, al igual en el texto de Jorge Morales Miranda. ¿centros de interpretación? Completa información de centro nacional de educación ambiental, que muchos de los gobernantes no tienen su formación adecuada para saber apreciar la finalidad de un centro de interpretación ante los contribuyentes y visitantes foráneos. No le falta verdad, por supuesto. Como dice Piñol, La interpretación del patrimonio es el arte de traducir el lenguaje técnico y a veces complejo de nuestro legado histórico, cultural y natural, a una forma no técnica, casi coloquial y comprensible para los no entendidos o ni siquiera interesados en los fenómenos y rasgos del patrimonio que visitan.
Su final es la revelación del significado del lugar que es visitado. Critica a los gestores y gobernantes la falta de formación y no poder técnicos sino políticos en el cargo, al frente de las gestiones patrimoniales. Así mismo, nos dice que solo unos pocos de centenas de centros de interpretación permanezcan abiertos para el recibimiento de los visitantes, y que esos pocos carezcan del mantenimiento, personal y físico, que requieren para un mayor aporte. Sin duda alguna, el que los centros de interpretación hayan sido creados, levantados y algunos, equipados, para mantenerlos cerrados, sí que es una inversión absurda, puesto que los edificios no hablan por sí solos, ni hacen publicidad de nuestros Intereses Culturales.


Los gobernantes crean los centros en función de su poder y ambición personal o partidista, no por una visión cultural e incluso económica, porque las inversiones en Patrimonio , no tienen que ser un dinero a fondos perdidos, sino que muchas veces, con una buena gestión, pueden repercutir en grandes beneficios como nos muestra muy detalladamente Xavier Greffe en su artículo “El patrimonio cultural ¿lastre o motor de la economía en un contexto de crisis?
Greffe habla de los grandes museos, como se refiere al Louvre de París, y por supuesto, siempre dentro de un contexto urbano, con los recursos que implicaría.


Xavier Greffe, en sus reflexiones del texto se pregunta lo que todos podríamos preguntarnos, ¿se debe invertir en la restauración arquitectónica por motivos simbólicos o invertir en las nuevas tecnologías? Creo, personalmente, que no tienen por qué estar reñidas.

(Museo del Louvre, tomada de google imeges)

Hace hincapié en la defensa de un patrimonio que fomenta el empleo así como los beneficios económicos reportado del mismo siempre y cuando se gestione adecuadamente.
Analiza detalladamente los puestos de trabajo y los beneficios obtenidos de los turistas visitantes del museo, que se gastan en este caso en París, con el Louvre, y alrededor del Louvre durante su visita. Como todos sabemos, o tenemos que tener en cuenta, cuando hay un centro o foco de atención turística, así como cultural, la creación de beneficios no es solo aplicable a la figura en concreto, si no a toda la estela que deja el visitante tras de sí, en los diferentes comercios y usos de recursos de la ciudad en concreto o del pueblo donde se sitúa el Bien.
“La oposición entre arte y economía, suele basarse en la división existente entre una utilidad funcional y un valor estético, o incluso entre el fondo y la forma. Las obras de arte son estéticas , sin funcionalidad, mientras que lo funcional carece de estos valores artísticos”. Bajo esta afirmación, esconde mucho el pesar que sufren aquellos Bienes que, por no ser estéticamente perfectos o bellos, no se tratan de igual forma que los bienes artísticos, y que sin embargo, también tiene su público, y con una mejora en la gestión, se podrían beneficiar de aquellos que tuviese alrededor que sí fuesen artísticos, o simplemente, intentando crear un espacio propio dentro de un espacio que los englobe a todos -mírese por ejemplo, rutas artísticas o arqueológicas, rutas de museos, rutas de BIC, etc-. Dando a conocer aquel bien menos destacable, y creando para él un espacio particular, sin dejar de obtener sus beneficios.
Los talleres de formación, tan olvidados por la administración en estos tiempos de crisis, podrían ayudar a la creación de empleo y formación del personal, así como ayudar al conocimiento del patrimonio que presume el entorno social.


Greffe nos habla de que el conocimiento del patrimonio mejora las capacidades de aprehensión y asimilación de nuevos conocimientos y con las nuevas herramientas facilitarían el paso de las enseñanzas. Afirma que modifican los comportamientos de los individuos en sociedad, los integra socialmente y crea un capital social. No deja de insistir en que estos modelos solo puedan ser aplicables a una gran ciudad y que el espacio rural requiere de otro tipo de acciones.
Aboga por la supresión de conservación y restauración de monumentos antiguos con materiales nuevos mucho más costosos y consumidores de energías e índoles insospechados. Implicaría un programa de creación de empleo en talleres que recojan viejos oficios como la ebanistería, la pedrería, y que se puede utilizar la piedra y madera en vez de vinilo, plástico, pvc, etc.
Nos recuerda entre líneas, que los materiales para las restauraciones, sobre todo arquitectónicas, no tienen que ser económicas per se, sino que hemos de contar con su fabricación, y que ésta haya sido lo más económica posible hasta su resultado final. -Por ejemplo, para realizar una pieza de plástico, tenemos que contar con el gasto energético que ha conllevado, con los materiales, (petróleo, caucho, celulosa, fibra de vidrio, etc) así como el uso de las energías para ello, electricidad, carbón, etc. Todo ello se incrementa en el coste final, que no total del producto, puesto que son más económicos, pese a que las energías gastadas son mucho mayores que un trozo de madera, por ejemplo.
habla del aprovechamiento de solares industriales en solares culturales, reformando así la calidad de vida en las zonas abandonadas aunque conlleva una inversión previa de descontaminación, habilitación y/o restauración.
Toma nota del problema de la falta de formación de los políticos ya que dice que debe cuestionarse.
Este último punto creo que ha sido punto de reflexión entre los tres autores aquí citados, puesto que es algo latente en nuestras administraciones públicas tanto mayores, como menores. La falta de equipamiento técnico y profesional de los ayuntamientos y Cabildos o Diputaciones, hace que la gestión de los Bienes, se vean mermadas o inadecuadas, ocultando así, la profesionalidad de los expertos para ayudar económicamente al entorno social. Los gobernantes no dejan que las ideas puedan encontrarse, por miedo tal vez, pero el miedo al fracaso no es factible, puesto que el fracaso ya existe a día de hoy por parte de todas las administraciones públicas.