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martes, 22 de octubre de 2013

La Historia en 10 objetos

Contar la Historia con 10 objetos... ese es el principio de esta exposición que intentaré que sea amena e interesante, aunque he utilizado algunos más, para poder completar de forma coherente la exposición del tema.

El discurrir del tiempo se puede observar en los objetos cotidianos, esos a los que no damos importancia y que, sin embargo, constituyen un referente para nuestro presente, así como para nuestro pasado. En esta entrada, quiero destacar aquellas gentes, aquellas familias que se alejan de su pueblo, para emprender una nueva vida en las ciudades, a finales del siglo XIX, principios del siglo XX.

Tomo de modelo, mi propia familia. Un matrimonio joven que sale de Gáldar (pueblo en ese momento) sobre los años 20 del pasado siglo, y llega a una capital como Las Palmas, para la ampliación del muelle capitalino. Ese muelle, ofrece mucho trabajo a los campesinos castigados de las zonas rurales y llena de esperanza de "mejor vida" a las familias que empiezan a ser numerosas.
Con ellos, trajeron a la capital sus "atriles" como comúnmente se denominaba a sus herramientas y aparejos, como es  la pequeña hoz para cortar la caña de azúcar, algo más manejable que la que utilizaba para cortar la "manilla" de plátano, de las plataneras galdenses, o esta pala para el cereal que también se utilizó hasta mediados del siglo XX para comprar azúcar a granel, lentejas, judías, etc en las tiendas de barrio o también llamadas "de aceite y vinagre".
(Foto cedida por Silvia, pala de granos)
(Foto cedida por Silvia, pequeña hoz)

Un poco de Historia, antecedentes.

La historia del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria puede decirse que se inició con el inicio de la conquista de la isla, acaecida el 24 de junio de 1478, cuando las tropas al mando de Juan Rejón y el Deán Bermúdez desembarcaron en la Bahía de las Isletas (Juan de Abreu Galindo , FR. J. Historia de la Conquista de las Siete Islas Canarias. Ed. Goya. Santa Cruz de Tenerife 1977), concretamente, en la playa de la luz que da nombre al puerto, y que fue utilizada durante siglos como refugio natural de pescadores, navegantes y los mismos conquistadores.
El origen del actual puerto se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, heredero de la Caleta de San Sebastián, también conocido como Muelle de San Telmo, pequeño malecón de piedra en donde se concentraba la actividad comercial de la ciudad de Las Palmas.

Su situación desventajosa, fuertes olas y vientos, hacían que sólo se 
pudiera atracar en tiempos buenos, excepto los veleros que no corrían peligro de encallar, tal situación le costó la bandera negra, a menudo objeto de burla de la prensa de Tenerife. Cuando esto sucedía, los marinos se veían obligados a ir a otros fondeaderos como Las Comedurías, Los Plátanos, Bahía de las Isletas, e incluso en la misma playa de la Luz, donde desembarcaban a los pasajeros y mercancía. 


(Muelle de la Luz, 1900-1910, tomada desde mruano.wordpress.com )

Mi abuelo ya participaría en la 4ª etapa de construcción del muelle de las 5 existentes, entre 1914-1934, La culminación de la primera obra de gran inversión moderna de la isla de Gran Canaria supuso un cambio en la mentalidad isleña gracias a la convivencia con los extranjeros allí afincados y los primeros turistas, un crecimiento de la ciudad y su población (más de 50.000 habitantes), en apenas medio siglo desde el inicio de su construcción en 1983 y una expansión económica. En conjunto, supuso un cambio a largo plazo de la sociedad Gran Canaria apareciendo una burguesía comercial como clase social al mismo tiempo que surgía la clase obrera en torno a las infraestructuras portuarias, y con ello, la irrupción del movimiento obrero, producto de las condiciones infrahumanas en las que trabajaban estos isleños y que a menudo desembocaba en alcoholismo u en la prostitución bajo la sombra portuaria, siendo semilla de la primera huelga, denominada "carga blanca", que se realizó en la isla en 1910 de la mano de José Franchy y Roca.

De ahí que llegaran productos sobre todo de Inglaterra a nuestras costas...

Las familias que habían prosperado, bien haya sido por un número razonable de hijos o que éstos hubiesen conseguido trabajar a temprana edad, se podían permitir el lujo de consumir ciertos productos, que, por ejemplo, mis abuelos no pudieron consumir jamás. Estos productos traídos por los ingleses a Gran Canaria, eran After Shaves, lociones, antisépticos yodados, agua embotellada gasificadas y un refresco muy común para la época... el Royal Crown ...

(Foto cedida por Silvia, botella de refresco inglesa)
En familias muy humildes con un sueldo medio, y una familia muy numerosa como la de mis abuelos (donde sobrevivieron 7 hijos de 14 partos totales), no alcanzaba para esa clase de "lujos". Se bebía agua de "la pila", agua destilada naturalmente en una vasija de barro, de la que caía gota a gota el agua destilada y refinada. Nada de refrescos, si acaso, algo de vino pero un vino de mesa barato, que paliara la sed de los hombres de mar. Mi abuelo era un hombre de costa, aunque viniese de Gáldar, su vida la vivió en el mar, en los muelles, en los astilleros.
De vivir en un barrio costero, los caracoles, o más comúnmente llamados "burgados" eran el pan nuestro de cada día. Se maceraba en vinagre durante días o semanas, y luego se comían con mucho gusto y ayuda de un palillo de dientes. También es herencia de las costumbres de los campos, cocinar caracoles de tierra o "chuchangos" con mojo verde y zumito de limón. Aquí les recuerdo a esos burgados, y un objeto que me ha recordado la niñez, ese exprimidor de cristal muy grueso, muy pesado, y que alguna madre amenazaba, brazo alzado, con proyectarlo a una cabeza determinada...  

(Foto propia, caracoles o burdagos)


(Foto cedida por Silvia, exprimidor)
Obviamente, según exprimías el limón, tenías que vaciarlo, y si tenía mucho jugo, se llenaba solo con una mitad, puesto que carecía de depósito para el jugo. Exprimidor como éste no faltaba en cualquier casa sea rica o pobre, del campo o ciudad. El exprimidor por antonomasia, que sólo el plástico muy posteriormente, logró desbancar, fabricando unos más ligeros y con depósitos para los zumos.

Nuestra casa era un solar. Tenía un fronte de 7m. y medio, aproximadamente, hecho con ladrillos y argamasa. Las paredes igualmente de arenilla y cemento de muy mala calidad. Fabricada a empujones y sin vistas a que durara demasiado, una casa improvisada. Castigada por el salitre del mar, situada en la Isleta, la casa familiar estaba conformada en su interior por cuartuchos de madera, que hacían las veces de habitación, cocina, baño y trastero, compartiendo todo eso con un patio común y hasta 3 o 4 familias en ocasiones, conviviendo dentro.
Muchas veces, por no atravesar ese patio hasta el fondo del solar, en el que te asaltaban cucas (o cucarachas, depende de donde sea el lector), ratas, ratones, etc., se prefería hacer las necesidades durante la noche, o en momentos de convalecencia en una "escupidera" u orinal, también en metal, sobre todo en Zinc.  
(Foto cedida por Silvia, escupidera)
Gracias a ellas, las madres controlaban las posibles enfermedades o padeceres de sus hijos en aquellos solares, con techos de plancha de metal. Se sacaban todas las mañanas y se entraban a las habitaciones todas las noches, limpia. El ruido al chocar en el suelo, es muy particular. Al igual que los olores, los sonidos son lo único que nos transporta a un momento específico de nuestra vida pasada, en un instante.
Con la llegada de los 90's, ya aparecerían las escupideras de plástico, sobre todo para los niños, reacios a utilizarlas.
No existían las modernas barbacoas, para ello, se utilizaban unas sartenes determinadas para sustituir al asador. En ella, se asaban castañas, garbanzos cocidos, pescados, etc. Lo que cada familia pudiese permitirse.                  
(Foto propia, sartén-asador)
La dieta rural es de sobra conocida. Gofio en pella, escaldado, con leche... en las ciudades no hubo gran cambio, en absoluto. Mi abuelo se llevaba hasta su jubilación, una escudilla o plato de metal, para su comida, que no era otra cosa que conservas en lata (puesto que las de cristal eran más caras), y para cenar, se podía comprar aún leche de cabra y cenarla con gofio. En aquellos tiempos, la leche Magro era la más común, hasta que Sandra, sacó al mercado, otra forma de acceder a familias con bajos recursos económicos.
La leche se vendía en botellas de cristal que una vez utilizadas, se entregaban al comerciante, tendero, o vendedor a domicilio, para que se pudiese rellenar y comprar otra botella en sustitución.

Sandra fue una de las primeras leches que conocemos, que no la primera... pero sí que hemos recuperado restos de ella...
(Foto propia, botella de leche Sandra, retornable)
Las escudillas de metal, lo que hoy llamaríamos "fiambrera" no era otra cosa que un plato de metal lacado, muchas veces de Zinc, como las palanganas, otras veces era de aluminio o plomo...
(Foto propia, plato o escudilla de metal)
De ahí que el dicho haya sido "míralo, parece que no rompe plato ni escudilla", a un niño que pone cara de bueno, cuando en realidad es un inquieto.
Las conservas más consumidas eran sin duda las sardinas por sus propiedades alimenticias, a hombres sobretodo, que trabajaban de sol a sol...
(Foto propia, latas de conservas)
Cuando la pesca no había sido buena, en sardinillas o caballas. También se llevaban latas de atún, que normalmente sus mujeres bajaban al muelle a llevarles la comida e incluso el café de "después". Mi señora madre, bajaba por Artemi Semidán hasta el muelle para llevarle a su padre el café.
Las cenas, como dije, y algunos desayunos a mediados de mes, eran leche con gofio, y cuando había café, pues café con leche y gofio, lo que viene siendo una rala. Recuerdo esos tazones enormes donde se degustaban las ralas de leche de cabra, también traídas desde las zonas campestres. 
(Foto propia, bol de leche para el gofio)
Cuando pasa las casi tres cuartas partes del siglo XX, donde los hijos de esas familias "mega numerosas" ya han crecido, ya se han labrado parte de su futuro, algunos incluso ya se han casado, o por lo menos, ya han servido su ejercicio militar obligatorio. Cuando parece que entra más sueldos en casa, cuando se sustituye el hoyo en el suelo por una vasija de váter, que las paredes por fin, se decoran con azulejos de reempleo para el baño para evitar las posibles propagaciones de hongos a los menores... llegaban por fin, los años 70's. Donde surgen empresas, gracias al capital obtenido del comercio marítimo sobre todo, del ir y volver de los extranjeros, de los marineros... tantos coreanos que desembarcaron en La Isleta en los 70's...
Empezaba una época distinta, donde el agua de la pila, ya era opcional. Por prescripción médica y las propiedades que el agua embotellada tenía, las familias capitalinas empezaban a consumir con asiduidad éstos envases. Recuerdo perfectamente, el agua de San Roque, el agua embotellada también de Agaete...  
(Foto propia, botella de agua de Agaete)
que nos hacían mucho más divertidos los almuerzos, y por supuesto, más digestivos.
Ya los abuelos eran mayores, y las rentas, subían porque España era próspera a su ritmo. Empiezan a asomar las botellas de Jhon Haig en casa, para el "buchito de café" de mi abuelo, o el coñac acompañado de la yema de huevo, de toda la vida. Ya en nuestros colegios nos entregaban una bolsita de leche en polvo Lita o Millac, que nos encantaba, pero que también nos "añurgaba" porque se quedaba estancada en la garganta al bajar. Eran otros tiempos... los niños íbamos a la escuela ya en los 80's y era obligatorio, con control de asistencia por parte de la sociedad. Las madres de otros niños si nos veía fuera del colegio en horas lectivas, ya lo sabía hasta los antes conocidos "guindillas" o policías locales...
Ya mi madre usaba sus colonias propias, y en Navidad, rodaba la cerveza y los primeros licores que entraron en casa como éste.  
(Foto cedida por Silvia, botella de licor, siglo XX)
Un recorrido diacrónico por una vida cualquiera, de una familia cualquiera, que emigran de campos a ciudades, y que buscaron una vida mejor para ellos y sus hijos, y  lo consiguieron, puesto que todos fueron criados y educados en la ciudad, y todos tienen sus trabajos que consiguieron en la ciudad, a día de hoy. Hoy los nietos de aquella generación de "abuelos", aun asisten al encuentro anual, de una costumbre de siglos... todos se reencuentran en La Isleta, vivan donde vivan y estén donde estén, en las fiestas en honor a la virgen del Carmen, también llamada,   patrona de los marineros.
(Virgen del Carmen, Isleta, tomada desde google images)
Fuentes utilizadas: testimonio oral de Doña Andrea Hernández M. narrativa perfecta que me transportó a aquellos tiempos de su juventud. Nacida en el año 49 del siglo XX. También hice un acompañamiento de recuerdos propios, perfectamente narrados en esta entrada y que viví en primera persona.


Webgrafía utilizada:
http://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_de_Las_Palmas, consultada el 22/10/2013
http://www.laluzport.com/ consultada el 22/10/2013